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Castigos para niños: cómo castigar sin castigos corporales

Incluso si tu hijo acaba de hacer una trastada, nunca es fácil castigar. ¿Tienes miedo a ser demasiado estricto o demasiado tolerante? ¿Hay que castigar? ¿Cuándo?
Sancionar a tu hijo es un verdadero dolor de cabeza. ¿Qué castigo merece? ¿Cómo establecer los límites? ¿Cómo saber si el castigo es útil o se produce un abuso emocional en el niño?
Es muy difícil dar sentido al castigo porque no existe el castigo ideal. No todos los niños reaccionan de la misma manera, ni tampoco los padres.

¿Los castigos son parte de la educación?

El castigo de un niño sirve para darle un mensaje: “en la vida, no siempre conseguimos lo que queremos”. Imagínate un niño que no han experimentado ninguna frustración, su razonamiento sería: “yo hago lo que quiero, puedo tenerlo todo y quiero tenerlo ahora”. El papel de los padres es, ante todo, educativo: el niño que nunca ha experimentado la frustración es incapaz de integrarse y entender el esquema social.
Por tanto, el castigo tiene una dimensión educativa y un fuerte impacto en la psicología del niño. El truco es saber cómo usarlo.

Un castigo positivo y beneficioso

Castigos para niños

Castigos para niños

Cuando el niño está haciendo trastadas es tentador enviarle, sin preámbulos, a su habitación. Pero, el castigo no sólo se utiliza para permitir que se relaje un poco. Los psicoanalistas son categóricos: el diálogo o el castigo por sí solos no son suficientes. Es importante que el niño aprenda una lección y entienda por qué se le quitan sus privilegios.

Un castigo proporcional a la culpa

La pena no debe ser grande ni demasiado suave en comparación con la gravedad de la infracción cometida. Si el niño no entiende el castigo y cree que es injusto, el efecto será muy diferente al esperado: tu hijo podría terminan escondiéndose de ti para evitar el castigo a toda costa. Ahora bien, es importante que se establezca una relación de confianza entre padres e hijos. Para ello, el respeto y la comunicación son indispensables.

Nalgadas: ¿buena o mala idea?

Las nalgadas están prohibidas en muchos países europeos: el castigo corporal al viejo estilo divide la opinión ya que impacta en la psique del niño: siente humillación. Algunos padres todavía dan nalgadas, otros se niegan rotundamente.

Nueva tecnología: nuevo castigo

“Ordena la habitación”, “te quedaste sin postre”, “colócate en una esquina”… Pero, el gran aumento del uso de las redes sociales entre los adolescentes ha dado una nueva idea de castigo a algunos padres: el castigo “2.0”. Esta nueva forma de castigo obliga al niño a anunciar públicamente (en su perfil de Facebook, por ejemplo) la trastada realizada. Este tipo de castigo nos parece totalmente absurdo y no se debe realizar por ningún motivo.

¿Los castigos son necesarios para criar a un niño?

¿Son los castigos útiles en la educación de los niños? El adulto debe ayudar al niño a socializar. Eso significa que debe enseñarle el concepto de frustración expresado a través de la pena. De ahí viene la importancia de que los adultos digan NO fijando e imponiendo límites.
¿Qué padre no se ha enfrentado con el delicado dilema “diálogo o castigo”? Según Jean Epstein, psicólogo social, estos dos principios no son contradictorios.

El aprendizaje de la frustración

El niño construye su bienestar emocional en los cuatro sentimientos siguientes: “yo tengo derecho a hacer cualquier cosa”, “yo soy el centro del mundo”, “puedo tener lo que quiero” y “quiero tenerlo todo”.
En este contexto, el adulto debe ayudar al niño a socializar. Eso significa que debe enseñarle a sentir la frustración como algo esencial para su integración en la sociedad. El aprendizaje de esta frustración inevitablemente implica castigo. De ahí la importancia de que los adultos digan NO y sean capaces de fijar e imponer límites.

Una sanción inmediata y clara

Sin embargo, para ser positivo y beneficioso, el castigo deberá ser inmediato. Después, ya no tiene sentido para el niño. También, debe ser claro pero no desproporcionado haciéndole amenazas que no se sostendrán (“el hombre malo de negro vendrá y te llevará”), porque la falta de credibilidad es perjudicial para el adulto a los ojos del niño. Pero, sobre todo, la sanción se debe explicar al niño a través del diálogo. Diálogo que cuando se utiliza solo, no siempre es suficiente para resolver los conflictos. Sin embargo, si se asocia a la sanción le permite al niño comprender el concepto de compromiso.

Al castigar a tu niño: qué funciona y qué no funciona

“Desobedece todo el tiempo, responde continuamente…” A veces, para un padre es difícil ejercer autoridad sobre su hijo. ¿Qué tan bueno es castigar? ¿Cómo no sentirse culpable por darle nalgadas?… Bruno Hourst, investigador y autor de nuevas pedagogías, nos informa cómo ayudar al niño a aceptar la autoridad del padre.

Para qué sirve un castigo: psicología

En primer lugar, debemos distinguir entre una riña y un castigo. La riña sirve para enseñarle reglas. Si el niño no sigue las reglas será sancionado y deberá saber qué castigo se le aplicará en caso del incumplimiento de estas reglas. El castigo es más un objetivo para “enderezar” que para educar. El castigo basado en el miedo y la humillación del niño puede tener un impacto negativo en el desarrollo de su personalidad.

¿Cómo puede la sanción tener un papel educativo?

En primer lugar, debemos establecer reglas. El primer paso es comunicar estas reglas al niño: la hora de acostarse, la autorización para salir, no tocar este objeto… Esto es esencial para la estructuración de los niños y adolescentes. Luego, asegúrate de hacerle saber el castigo que se le va a imponer si incumple las reglas. Por último, aplica la sanción si es necesario. No hay nada peor que una sanción no aplicada, ya que el niño sentirá una sensación de impunidad en relación con las reglas de supervisión.

¿Cuáles son las características de un buen castigo?

Hay varios principios que deben respetarse. El primero es que debemos sancionar lo antes posible. El castigo debe ser una oportunidad para recordar las reglas y una sanción proporcional al delito: si comete un pequeño error, una pena pequeña.

Finalmente, la pena debe ser restaurativa en la medida de lo posible. Por ejemplo, el niño ha dejado algo en mal estado, pues lo “repara”.

¿Qué les dirías a los padres que no quieren castigar?

No castigar al niño no es recomendable. Si el padre no sanciona, si cumple todos los deseos del niño y no impone reglas fijas, actúa en perjuicio del niño.

¿Cómo evitarte el sentimiento de culpa cuando castigas a tu hijo?
Debes saber que las prohibiciones dan seguridad a los niños. A pesar de que llore, se siente protegido y puede desarrollar su autonomía. Cuando no ponemos barreras, les ponemos en peligro psicológico y, a veces, físico. Debes construir, tan pronto como sea posible, una relación con tu hijo que no esté basada en las limitaciones y la inseguridad, sino en la escucha y el respeto.

¿Qué pasa con el castigo físico?

Incluso si está prohibido por la ley, el castigo corporal sigue ocupando un lugar en la educación de los niños. El abuso psicológico, aunque no deja marcas en el cuerpo del niño, puede dejarlas más graves en su psique y personalidad. Si es necesario, una palmada en la mano o en las nalgas, firme pero sin violencia, significa para el niño: “no protestes más, son las reglas, obedece”.

Nalgadas, ¿un castigo peligroso para nuestros hijos?

castigar¿Las nalgadas como castigo son buena o mala idea? El pediatra y autor de “La autoridad sin nalgadas”, Edwige Antier, pediatra, nos da sus argumentos en contra de las nalgadas u otro castigo corporal a los niños.
Edwige Antier dice que no hay ninguna razón para dar una bofetada a un niño, ya que varios estudios ponen de manifiesto los efectos psicológicos negativos de los azotes en los pequeños.

Los efectos psicológicos en el niño

El niño vive el acto de que le den nalgadas como algo humillante que le baja la autoestima. Se siente incomprendido. Como resultado, el niño va a desarrollar su astucia: “cometo un error y me escondo para que no me den nalgadas”. También puede desarrollar el hábito de sumisión o, por el contrario, de transgresión. Estudios recientes en Estados Unidos dicen que los niños que reciben azotes desde los 3 años son más agresivos que otros.

El peso de la herencia

Las nalgadas también han formado parte de la infancia de algunos padres, y es muy difícil cuestionar si fueron merecidas o no. Hay padres que dan nalgadas a sus hijos porque antes se las dieron a ellos y creen que es lo correcto. Yo les digo: “tus padres creían hacerlo bien. Pero, nosotros tenemos todo el derecho a cuestionar lo que antes les parecía bien a nuestros padres”.

Las nalgadas pueden causar un efecto contrario al deseado

Al niño puede parecerle que el castigo corporal “no está mal” y darte una palmada en el brazo.  Para él, es sólo un juego.

Límites para corregir correctamente sin nalgadas

Esta es la pregunta que me hacen todas las mamás. Siempre les doy cuatro principios:
– Alimenta la curiosidad del niño y evita su aburrimiento.
– Explícale porqué no debe hacer lo que le prohibimos.
– Si el niño se siente abrumado por sus emociones llévale a su habitación y tómate tiempo para hablarle.
– Por último, cuando estés muy cansada y no puedas aplicar los tres principios anteriores, pide ayuda a tu pareja o familia.

El castigo inmediato

Yo no diría que es un castigo, sino una respuesta lógica. Y esta lógica no debe demorarse. Si le decimos: “esta noche cuando papá venga te va a castigar”, no tiene sentido para un niño menor de 8 o 9 años.

Se observaron beneficios en los países que prohibieron el castigo físico
En Escandinavia, Italia, Alemania, Portugal y España, todos los castigos corporales fueron abolidos. El resultado es una disminución significativa en el abuso. El 95% de los suecos no dan nalgadas al niño, sin embargo los niños suecos están muy bien educados.

No dar nalgadas no significa perder la autoridad, sino todo lo contrario.

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