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Cómo tratar con niños difíciles

10 consejos para evitar crisis nerviosa en niños difíciles

Como tratar con niños difíciles

Como tratar con niños difíciles

Es difícil mantener la calma cuando los niños se pelean en el coche o saltan en el sofá. Pero, los gritos no serán de ninguna ayuda, al contrario. Para aprender a bajar el tono de la voz, Catherine Pierrat, psicóloga, nos da algunos consejos.

Recordar por qué es inútil gritar

“A menudo, vemos a padres que a gritos piden a sus hijos que no griten. Pero, ¿cómo quieren que los niños respeten el mensaje si éste es contradictorio?

“Además, cuando el padre o la madre gritan, el niño se bloquea y no escucha lo que le dicen. Cuando los padres gritan demuestran una falta de autoridad que los niños perciben”.

Renunciar (temporalmente) a algunas actividades

Es bien sabido que la fatiga actúa sobre los nervios. Los padres, a veces, se molestan con sus hijos porque ya están afectados por otras cosas.

“Cuando cansados regresan junto a sus hijos, no tienen el ánimo necesario para atenderles. Por eso es por lo que deben renunciar a algunas cosas como, por ejemplo una reunión que no sea demasiado importante. Así podrán dedicar más energía y tiempo a los niños”, dice el psicólogo.

No es que deban sacrificar todas sus pasiones, pero es difícil ser a la vez gran mamá, gran mujer de negocios, gran amante… “Hay que establecer prioridades. Además, los niños crecen muy rápidamente y cuando salen de casa nos gustaría que estuvieran ya preparados”, dice Catalina Pierrat.

Dale ritmo a la vida de los niños

A los niños les afecta la falta de sueño y un estilo de vida no lo suficientemente regular. También, las emociones. “Los niños tienen necesidad de ritmos y puntos de referencia. Los niños que se han asentado sus vidas son más tranquilos”, dice el especialista.

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Prestar atención

Para Catalina Pierrat, otro punto esencial es la atención. “Los niños necesitan atención y no sólo que le preparen su comida”, dice el psicólogo. Es evidente que cuanto más tiempo se pasa con ellos, más satisfechos se sentirán. Se creará un ambiente más sereno en casa.

No le des demasiada importancia  a sus tonterías

“A menudo, cuando los niños responden mal o hacen alguna tontería, los padres le dan demasiada importancia”, dijo Catherine Pierrat. De hecho, cuando el niño se enoja, es simplemente una expresión de molestia física (por ejemplo, dolor) o psicológica (los días de clase son demasiado largos, echan en falta a sus padres…)”. “Para evitar fácilmente los padres las crisis, no deben dar demasiada importancia a cosas que no la tienen”, dice el psicólogo.

Ayuda a tu niño a controlar su ira

Cuando un niño se enfada, se siente abrumado por sus emociones. “Para ayudarle tenemos que desviar su atención proponiendo, por ejemplo, beber un vaso de agua, ir a la calle, hacer una actividad…”, dice Catherine Pierrat.

Delega cuando la tensión sube

Hay días en que los padres no se sienten bien y no son capaces de hacer frente a los niños. “Cuando notes que la tensión sube, tienes que aceptar que no te sientes bien”, dice el psicólogo. “En lugar de arriesgarte a un enfrentamiento reconoce que estás cansado y delega”.

Habla con tu hijo mirándole a los ojos

“No grites, sabes cómo hablar. Habla con tu hijo en esos momentos. No le envíes a su habitación si tú estás en la sala de estar o en el jardín. Los pequeños tienen necesidad de contacto visual”, dice el experto.

Debes ser coherente

“Para establecer tu autoridad debes basarte en reglas consistentes. No puedes decir que sí a cualquier cosa”, dice el psicólogo.

Se requiere lógica en la elección de castigos dependiendo de la edad del niño. También, evita enviar a tu pequeño, castigado, a acostarse. Esto le puede crear alteraciones en el sueño.

Probar ejercicios de relajación

Si notas que hay demasiada tensión, prueba ejercicios de relajación. “Siéntate, los pies firmemente plantados en el suelo, las manos en los muslos, las piernas sin cruzar. Cierra los ojos y concéntrate en tu respiración.

Cómo tratar con niños difíciles

Niños difíciles

Niños difíciles

Tu hijo no se queda quieto. En casa hay pocos momentos de tranquilidad. Cuando está en clase intenta permanecer en su silla, pero sus lapiceros se caen constantemente.

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Vamos a ver unos consejos de Emilie Moreau-Cervera, psicóloga clínica, para ayudar a canalizar su agitación.

Maneras de ayudar a un niño inquieto

Sí, los padres pueden ofrecer a sus hijos maneras de calmarse y regular su agitación: deporte, teatro, música, pintura, danza… Además, deben interesarse por las actividades que realicen.

Tomemos el caso del deporte: además de la liberación emocional física, el deporte compromete a cumplir con las normas.

Todo esto le ayudará a canalizar su energía y controlarse.

¿Qué pasa con las pantallas que canalizan la atención de los niños?

Ciertamente, las pantallas (televisión, videojuegos…) captan la atención de los niños. Pero, el tiempo pasado delante de la pantalla no cambia el estado en el que estaba antes.

La agitación de la noche

La agitación puede ser muy fuerte a la hora de acostarse. Lo primero es preguntarse si se respeta el ritmo del niño y sus horas de sueño.

En la noche, cada familia inventa su ritual (canciones, lecturas…) También, deberá preguntársele al niño si hay algo que le preocupa. Es muy importante poder tranquilizarle.

El tiempo hace su trabajo

No nos preocupemos demasiado, la agitación disminuye cuando los niños crecen. Las siguientes fases ya son más tranquilas.

Debemos tener cuidado en no pegarle la etiqueta de “niño inquieto”. Podría afectar a su comportamiento haciéndole creer que eso es lo que se espera de él.

Cómo ayudar a un niño difícil para que se centre

¿Tu hijo no se queda quieto? Ten la seguridad de que hay algunos trucos para tranquilizarle.

Incapaz de concentrarse: no es hiperactivo

Un niño es capaz de estar atento diez minutos para obtener una explicación (por ejemplo, una regla gramatical) y veinte minutos para una aplicación (es decir, los ejercicios relacionados con esta regla).

A partir de ahí, si tu hijo se mueve, generalmente, significa que es un niño saludable. Los niños con tendencia a la hiperactividad tienen síntomas específicos que pueden identificarles. Antes de hablar de niños “hiperactivos” ten en cuenta que hay dos formas de inestabilidad.

La inestabilidad motora

Es decir, tu hijo no se fija en lo que toca, es imprudente… De 1 a 5 años el niño necesita esta hiperactividad motora. Lo opuesto a veces puede ser perturbador. De este modo, se ponen a prueba sus habilidades, descubre los elementos y juzga su autoridad. En definitiva, siempre se agita por un propósito específico.

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Puede que tenga que desahogarse con regularidad y, también, tenga otros períodos de intensa concentración. Si, sin embargo, más allá de con el PC, es incapaz de sentarse más de un cuarto de hora, probablemente sea nervioso. Pero no te alarmes, puede ser algo pasajero.

La inestabilidad intelectual

Se distrae, se mueve, se despista… Este tipo de inestabilidad aparece en la edad escolar, entre los 6 y 12 años. Esta actitud es frecuente en niños que entienden rápidamente lo que se les dice y, por lo tanto, pierden el interés después.

Sin embargo, si continúa la falta de atención, los psicólogos y psiquiatras han identificado los síntomas de lo que ellos llaman el Síndrome de Hiperactividad. Los síntomas son:

  • Tiene problemas para organizar su trabajo y da la impresión de no haber escuchado las instrucciones.
  • Comete muchos errores por descuido y de forma impulsiva.
  • Da la respuesta en voz alta.
  • Tiene dificultad para formar parte de los grupos.
  • Es incapaz de jugar el mismo tiempo que los niños de su edad.
  • Tiene muy pocos amigos.
  • Tiene problemas para encontrar palabras.

Cómo ayudar a canalizar su energía

Hay varios trucos para tratar de llamar su atención, para enseñarle a manejar su energía, para limitar las distracciones:

  • Búscale un lugar apropiado para que haga su tarea. Esto limitará sus distracciones (carteles, aparatos, comida…) y hará que se concentre más.
  • Siempre comienza la sesión de trabajo por lo que menos le guste. A partir de ahí, estará más dispuesto a hacer lo que le motiva.
  • Explícale la importancia de su acción. ¿Por qué las matemáticas, leer un libro…? Estará más motivado y dispuesto a fijar su atención.
  • Ofrécele “sprints de concentración”. En lugar de decirle “trabaja veinte minutos”, le dices, “Ten cuidado con lo que haces durante dos minutos”. Después de este breve periodo de tiempo se detendrá un momento para respirar y seguirá. Mientras se desarrolla este nuevo hábito de trabajo, la duración del sprint se incrementará gradualmente.

Ofrécele ejercicios de concentración al aire libre, fuera del trabajo escolar, como: bricolaje, jardinería, juegos, llevarle a un concierto, al teatro… Estas actividades le  mostrarán los beneficios de la concentración en temas más divertidos, y le servirán de ayuda para las que no lo son tanto.

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