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Hermanos que se pelean: qué hacer con los celos de los niños

Mis hijos se pelean, ¿qué debo hacer?

Pasan su tiempo peleándose… A veces, surgen diferencias entre tus hijos que hacen que te preguntes si será posible reconciliarles. Didier Pleux, psicólogo, nos da algunos consejos para calmar la rivalidad que puede surgir entre algunos hermanos.

¿El orden de llegada a la familia de cada hermano podría explicar por qué algunos se llevan bien y otros parece que se odian?

No, no creo que sea determinante para el niño ser el hijo mayor o el más joven de la familia. El orden de llegada de cada hermano no es importante en este aspecto.

Es, sobre todo, la actitud de los padres frente a este orden de llegada lo que puede influir en los resentimientos de uno hacia otro. Sin embargo, es cierto que alguna familia conservadora puede creer que el mayor tiene todos los derechos.

A veces, los hijos que nacen en último lugar son los menos deseados por los padres. En realidad, las disputas entre hermanos suele tener que ver con la actitud de los padres.

¿Cuáles son los errores que deben evitarse para evitar que los hermanos se “odien”?

Hermanos que se pelean

Hermanos que se pelean

Los padres ya están muy bien informados acerca de las cosas que deben o no deben hacer con sus hijos. Por ejemplo, saben muy bien que es normal sentirse atraído por un hijo que tiene un comportamiento más cercano, queriendo que logre cosas que los padres no consiguieron en sus vidas. Pero, los padres ya saben que no deben confundir al hijo soñando por él.

Las cosas han cambiado en las últimas dos décadas y los padres son más lúcidos. No quieren que sus hijos sean clones de ellos mismos. Intentan, también, que haya una buena relación entre hermanos.

A pesar de todo, pueden oírse cosas como éstas: no podemos comunicarnos de la misma manera con cada uno de nuestros hijos porque son diferentes. Estas palabras podrían sonar a pretexto y hacer daño.

Por último, no deben hacerse comparaciones que creen tensiones entre unos hijos y otros. Los padres deben explicarles siempre que, pese a sus diferencias, les quieren a todos por igual.

¿Cuándo los niños se pelean en casa debemos intervenir?

Entre ellos, los niños pueden ser terribles y peligrosos. Sólo hay que fijarse que en los juegos son muy críticos, y esto les puede llevar a situaciones con consecuencias dramáticas. Los padres no deben creer que el niño puede arreglar la situación por sí solo.

Por ejemplo, un niño dotado para los estudios no quiere ayudar a su hermano a obtener mejores resultados, y trata de menospreciarle demostrando que él es mejor. Entre los hermanos siempre existe el débil y el fuerte, el dominante y el dominado.

Los padres deben intervenir y encontrar soluciones para que todos queden contentos. No hace falta gritar a los niños, tan sólo explicarles y si hay excesos castigarles. De hecho, los padres deben tener el papel de mediadores para que los niños se lleven bien.

¿Cómo lidiar con los celos del hijo mayor?

La llegada de un hermanito o hermanita es siempre una gran conmoción en la vida del niño. Especialmente, cuando tiene entre 1 y 3 años que ya comienza a aprender a tener autonomía y sentir la angustia de la separación.

El anuncio de una nueva “venida” a la familia puede crear temor en el hermano, manifestándose en la vida cotidiana por comportamientos de “regresión” y arrebatos de ira tan pronto como el vientre de la madre comienza a crecer.

Entre 1 y 3 años, un período de “bisagra” en la evolución del niño

La llegada de un nuevo niño a la familia siempre es un acontecimiento importante para el hermano. Y las reacciones están estrechamente relacionadas con las preocupaciones propias de su edad. Así, “entre 1 y 3 años de edad, experimenta un periodo “bisagra” en su evolución”, dice el Dr. Clarisse Fondacci, psicoterapeuta.

La necesidad de la presencia de sus padres está todavía muy presente, pero también es una época en que el niño comienza a caminar y hablar y, por lo tanto, comienza su aprendizaje hacia  la autonomía.

El pequeño a los 3 años reclama a los padres toda su atención. El niño puede, por ejemplo, tener celos temiendo perder la complicidad que le une a sus padres. El miedo ante la llegada de un hermanito o hermanita le puede alterar.

Comportamiento a la altura de sus temores

“Estos temores se manifiestan cuando la madre está embarazada”, dice el psicoterapeuta. “Incluso los niños pequeños sienten, vagamente, que algo ha cambiado”. Es el caso de un niño de 6 años al que su madre había ocultado su embarazo. Cuando se enteró, comenzó a hacerse pis en la cama por la noche De hecho, el comportamiento de regresión forma parte de las reacciones normales del niño preocupado por la llegada del hermano pequeño.

Una preocupación que puede manifestarse en cada momento de la vida cotidiana. “A la hora de comer, relata el doctor, el niño se niega a comer con una cuchara y reclama el biberón. El sueño también puede verse alterado. El niño tiene pesadillas, llora y llama a sus padres. Surgen, también, berrinches “inexplicables” por cosas tan triviales como la negativa de un dulce. Finalmente, cualquier separación temporal se vuelve problemática: el niño se niega a ir a la guardería y se pone de mal humor al final del día. Estas reacciones pueden ser desestabilizadoras para los adultos”.

¿La solución? “Durante el embarazo no debería haber demasiados cambios”, advierte el Dr. Fondacci. “El niño corre el riesgo de perder sus costumbres y alterarse más. Por contra, la madre debe estar disponible para el niño y reconfortarle pasando largos momentos con su pequeño abrazándole contra su cuerpo.

El papá también debe unirse a la madre en estos intercambios de ternura. Lo importante es no excluir al niño del feliz acontecimiento que se acerca”.

¿Podré querer a mi segundo hijo tanto como al primero?

“El amor no se divide, se multiplica”. En esta frase muchas madres han tratado de encontrar una forma de consuelo. Pero, la realidad es a veces diferente y puede empeorar la relación madre-hijo durante la llegada de un segundo bebé.

Malvina Zalcberg, psicóloga, habla de los fundamentos del amor maternal y la relación, a veces compleja, de una madre con su bebé.

Para una madre, ¿qué cambia con la llegada de un segundo hijo?

Un primer bebé, para la mujer, crea la condición de madre. Con el primer hijo descubrió la sensación de plenitud y logró la maternidad. Conoció las emociones fuertes que conlleva la llegada del primer hijo.

La llegada de un segundo hijo afecta, un poco, esa relación y trae un cambio en la relación que la madre tiene con su hijo mayor. La madre no podrá dedicarse por entero a ese hijo.

¿Estos cambios pueden afectar el vínculo construido con el mayor?

Niños que se peleanNo, necesariamente. La nueva constitución familiar requiere la construcción de otros vínculos tan importantes como los establecidos antes.

Del mismo modo que los lazos de una madre con sus hijos están constantemente construyéndose y reconstruyéndose a medida que los niños crecen, la madre debe considerar este segundo embarazo como un tiempo de adaptación para ella y el niño ante esta nueva realidad.

¿De dónde viene la ansiedad y el miedo ante la llegada de este segundo hijo?
Durante su segundo embarazo la madre se da cuenta que no experimenta las mismas emociones que con su primer bebé. Algunas madres desean menos el segundo hijo y esto puede proporcionarles una sensación de angustia.

No sentir las mismas sensaciones ante la llegada de un segundo hijo no significa que no quiera a ese niño. La mujer ya ha tenido acceso a la condición de madre y, si lo vive como la gran experiencia que es, prestará gran atención a sus hijos.

¿Puede una madre estar más unida a un hijo que a otro?

Es un “compromiso” lo que una madre tiene con sus hijos aparte de “amor”. No es que quiera un hijo más que otro, sino que aprecia características diferentes en un hijo u otro.

A veces, puede surgir una fijación, más o menos fuerte, por un hijo u otro. Por ejemplo, cuando los hijos son de padres diferentes, en alguna mujer, puede influir que el hijo sea del padre más querido por ella.

¿Podemos hablar de rechazo con el segundo niño?

A veces, una madre puede tener reacciones ambivalentes hacia su segundo hijo. Aunque sea un hijo deseado, puede sentirse amenazada por no poder dedicar toda su atención al hijo mayor.

Pero, no se puede generalizar diciendo que la relación con el segundo hijo es más compleja.

Si la mujer siente que no es el momento para ser madre por segunda vez, que deseaba dedicarse más a su crecimiento personal y profesional, puede sentir una especie de “desapego” ante el nacimiento del niño al principio.

¿Qué pasa con la culpa de estas madres?

Una madre puede desarrollar un sentimiento de culpa si siente un amor diferente por cada uno de sus hijos. Pero, querer de forma diferente no significa querer menos. Las madres tienden a quererse a sí mismas a través de sus hijos.

Lo que siempre tendrán que evitar es que uno de los hijos se convierta en el “preferido”. Esto sería perjudicial para los niños.

¿Qué consejo darías a estas mujeres?

Cada mujer debe hacerse la pregunta de cuál es el papel que tiene cada uno de sus hijos en su vida. Si no pueden ser el único enfoque, al menos, deben ser importantes para ella. Cada madre tiene que encontrar el equilibrio adecuado en su vida entre ser madre y esposa.

¿Cómo evitar esa falta de deseo?

Un niño no deseado por su madre tendrá que luchar para salir adelante sin daño psicológico. Evita esto.

Tus hijos son muy importantes en tu vida. El amor y comprensión que les brindes serán un tesoro para su futuro.

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